miércoles, 6 de julio de 2011

el acné en el adolescente

Si eres un adolescente, es muy posible que tengas algo de acné. Aproximadamente ocho de cada 10 adolescentes tienen acné, así como también muchos adultos.El acné es algo tan común, que tenerlo se considera parte normal de la pubertad. Pero el solo hecho de saber esto no siempre sirve cuando al mirarte en el espejo descubres un enorme grano. Afortunadamente, informarte sobre el acné y tomar algunas medidas sencillas al respecto puede ayudarte a sentirte mejor.

¿Qué es el acné y qué es lo que lo causa?

El acné es un problema de la piel que se manifiesta mediante diferentes tipos de protuberancias. Estas protuberancias pueden ser espinillas, puntos blancos, granos y quistes. El tipo de acné que tienen muchos adolescentes se llama acne vulgaris y generalmente aparece en la cara, el cuello, los hombros, la parte superior de la espalda y el pecho.Los folículos capilares de la piel -o poros- contienen glándulas sebáceas (llamadas también glándulas aceitosas). Estas glándulas producen sebo, que es un aceite que lubrica el cabello y la piel.A los adolescentes les sale acné debido al cambio hormonal que ocurre en la pubertad. La mayoría de las veces, las glándulas sebáceas producen la cantidad adecuada de sebo; pero a medida que el cuerpo del adolescente comienza a madurar y a desarrollarse, las hormonas estimulan las glándulas sebáceas para que produzcan más sebo y la actividad de estas glándulas puede ser demasiado intensa. Una gran cantidad de sebo y de células de la piel muertas, los obstruyen. Luego, las bacterias pueden quedar atrapadas dentro de los poros y reproducirse, haciendo que la piel se hinche y se ponga roja: es el comienzo del acné. Cuando un poro está obstruido y se cierra, pero sobresale de la superficie de la piel, se produce un punto blanco. Si un poro está obstruido pero permanece abierto, la capa superior puede oscurecerse y se produce una espinilla. A veces la pared del poro se abre, permitiendo que el sebo, las bacterias y las células de la piel muertas se abran paso por debajo de la piel, lo cual produce una pequeña infección de color rojo llamada grano. Los poros obstruidos que se abren a un nivel muy profundo de la piel pueden causar nódulos, que son protuberancias o quistes infectados más grandes que los granos y pueden ser dolorosos. En la mayoría de las personas, el acné desaparece casi completamente al final de la adolescencia. Y si tus padres han tenido acné cuando eran adolescentes, es más probable que también tú lo tengas.

¿Qué es lo que causa el acné? (Mitos acerca del acné)

El acné no ocurre por comer comidas grasosas como papas fritas o pizza, ser adicto al chocolate o beber gaseosas. Y el estrés generalmente no causa acné en los adolescentes (a pesar de que puede empeorar un acné existente, ya que el estrés aumenta la producción de sebo). El sol tampoco ayuda a combatir el acné. Aunque un bronceado solar puede hacer que el acné parezca menos serio temporariamente, no va a ayudar a que éste desaparezca permanentemente. Y de todos modos, tomar demasiado sol no es una buena idea, porque más adelante puede causar arrugas y cáncer de piel. Así que no te arriesgues absorbiendo esos rayos, ya sean del sol o de una cama solar, en un esfuerzo por ayudar a mejorar tu piel.

¿Qué puedo hacer para evitar/combatir el acné?

Como ayuda para evitar la acumulación de grasa que puede provocar el acné, lávate la cara dos veces al día con jabón y agua tibia. No te frotes fuertemente la cara con una toalla, ya que el acné no puede quitarse restregándolo; de hecho, lo empeorarías irritando la piel y los poros. Trata de limpiarte la cara lo más delicadamente que puedas. Si usas maquillaje o pantalla solar, asegúrate de que en la etiqueta diga "no contiene aceite", "no comedogénico" o "no produce acné". Esto significa que no va a obstruir los poros ni producir acné. Y cuando te laves la cara, asegúrate de dedicar suficiente tiempo a quitarte todo el maquillaje. Si usas fijadores en aerosol o gel para el cabello, trata de que al aplicarlos no entren en contacto con la cara, ya que éstos también pueden obstruir los poros. Si tienes el cabello largo y te toca la cara, asegúrate de lavártela con bastante frecuencia para impedir que entre en contacto con el aceite del pelo. Y si después de clases tienes un trabajo en el que estás en contacto con aceites, por ejemplo, un restaurante de comida rápida o una estación de gasolina, lávate siempre bien la cara cuando llegues a tu casa. También lávate la cara después de hacer ejercicios físicos. Existen muchas lociones y cremas de venta libre que contienen ácido salicílico o peróxido de benzol, que ayudan a evitar el acné y al mismo tiempo lo alivian. Puedes probar estos productos para ver cuál funciona mejor. Asegúrate de seguir exactamente las indicaciones y no uses más cantidad de la indicada en cada aplicación (tu piel podría secarse demasiado y podría lucir o sentirse peor) y antes de ponértela sigue las indicaciones correspondientes para ver si eres alérgico.

¿Y si de todos modos me sale acné?

A veces, aunque se laven correctamente y prueben ponerse lociones y maquillaje no graso, muchas personas igualmente tienen acné; y esto es completamente normal. De hecho, a algunas chicas que generalmente no tienen problemas de acné, les aparece acné unos días antes de tener su período menstrual. Este acné se llama acné premenstrual y aproximadamente siete de cada 10 mujeres lo tienen debido a cambios hormonales en su organismo. Algunos adolescentes que tienen acné pueden obtener ayuda de un médico o dermatólogo (un doctor especializado en problemas de la piel) y tratar el acné con medicamentos recetados. Dependiendo del tipo de acné, esto podría incluir cremas recetadas que impiden la formación de granos, tomar antibióticos que eliminan las bacterias que contribuyen a provocar los granos, o, si se trata de un grado grave de acné, tomar medicamentos más fuertes como isotretinoína, o incluso someterse a una cirugía menor. Algunas chicas adolescentes consideran que las píldoras anticonceptivas ayudan a aliviar el problema de acné. Si cuando te miras en el espejo ves que tienes un granito en la cara, no lo toques, ni lo aprietes, ni lo escarbes. Esto podría ser difícil, ya que puede ser muy tentador tratar de sacártelo. Pero si jugueteas con los granos puedes aumentar la inflamación hurgándolos o abriéndolos. ¡Además, el aceite de tus manos empeora las cosas! No obstante, lo más importante es que hurgar los granos puede dejar pequeñas cicatrices permanentes en la cara.

La familia en un adolescente. (((es la entrada que faltaba)))

Yo considero que una familia donde uno o más miembros han alcanzado la adolescencia, podría ser muy bien considerada como una familia en crisis.
Pero esto no es así solamente por la presión que puedan imponer en la familia las crisis personales, intra-psíquicas de cada uno de los miembros adolescentes.
La teoría del ciclo de la vida como fue elaborada por Erickson, describe la vida como una progresión a través de una serie de estadíos cada uno de los cuales tiene sus tareas específicas y sus crisis.
Ahora bien, la yuxtaposición de varios estadíos del ciclo de vida en una misma familia, produce períodos de intensa presión en la misma, y esto ocurre normal y frecuentemente en nuestras familias, donde mientras un miembro lidia con la crisis de la adolescencia, los padres enfrentan la denominada crisis de la edad media y un abuelo o abuela se encuentra arribando a la tercera edad, con todo lo que esto implica.
Cada uno de los períodos de transición anteriormente señalados, suponen necesariamente, un período de intensa revisión personal, de reelaboración de la propia identidad y del planteamiento del futuro.
Pero las tareas propias de cada uno de estos períodos son opuestas y contrastantes.
Por ejemplo, mientras que para los padres la transición de la vida media implica un reconocimiento de la brevedad o cortedad del tiempo, el adolescente debe prepararse para un futuro abierto, donde el tiempo es visto como ilimitado.
Idealmente, ambos, los adultos y los adolescentes, deberían ser capaces de entender y de acomodarse unos a otros, pero si un adulto o un adolescente tienen problemas particulares en lidiar con la transición, el otro como consecuencia del interjuego entre tareas pararelas y contrastantes, puede entonces también quedar atrapado en el conflicto.
Además, en la vida las cosas son usualmente muy lejanas del ideal, los que trabajamos con adolescentes estamos cada vez más conscientes de que un porcentaje muy alto de las familias que vienen por ayuda enfrentan conflictos que nacen de la superimposición de las tareas de desarrollo, de los eventos de su propio crecimiento y maduración.
Vemos así padres que tratan de retrasar o adelantar el pasaje del tiempo, el cual es medido en términos de los eventos maduracionales que ocurren, ya sea bien en su propio ciclo de vida o en el ciclo de vida de sus hijos, y esto en respuesta a sus conflictos acerca de la transición de la vida media, Por su parte, los adolescentes ambivalentes acerca de su empuje se comportan en un momento como niños pequeños y en el próximo como adultos.
Sin embargo, es muy fácil para los padres y los profesionales sobresimplificar las cosas y ver los problemas que enfrenta la familia como resultado únicamente de los conflictos internos del adolescente y de la conducta resultando de los mismos y olvidarse de la crisis parental y del interjuego con ésta, pero hacerlo así no ayudaría a resolver los problemas del joven ni de su familia.
No debemos olvidar que ambos, los padres y los jóvenes, experimentan crisis en sus reacciones ante la amenaza o la promesa del pasaje del tiempo y ante el reordenamiento de la vida y de las relaciones interpersonales que esto necesariamente implica.

Para los padres el enfrentar que llegaron a la edad media, supone que el tiempo será ahora medido en 
términos de lo que les queda por vivir, y este "insight" fuerza a hacer una revisión de la vida, una reevaluación de los roles y direcciones y el elaborar el duelo de los sueños inalcanzados.

Todo lo anterior está en agudo contraste con el adolescente que define sus metas y roles con el sueño de finalmente ser suficientemente grande y viejo para ser adulto.  De esta manera, algunos padres de familia en la transición de la vida media, pueden encontrar que el tiempo progresa demasiado rápido, mientras el joven impaciente percibe el tiempo como moviéndose muy lentamente.  El joven enfrenta un futuro que se expande, el padre debe esperar un tiempo de consolidación, reexaminación y eventualmente de una sexualidad que declina, de una salud que empieza a deteriorarse y finalmente de una muerte que empieza a percibirse como un hecho contundente.
Todo lo anterior constituye parámetros o temáticas generacionales diferentes para padres o hijos y que resultan difíciles de entender a través de las barreras generacionales: los padres no entienden así lo que genera la ansiedad en sus hijos u los hijos lo que genera la ansiedad en sus padres.
Por su parte la amenaza de cambio en la familia nuclear puede contribuir en sí mismo a reacciones que distorsionan el ciclo de vida de sus miembros.  El hecho de que los adolescentes pronto dejarán el hogar y de que, por ende, la familia como ha sido conocida, por lo menos durante una o dos décadas, desaparecerá, enfrenta a todos los miembros con "la muerte de la familia".  Esto puede originar que se viva un duelo de una manera anticipada.  Una tendencia natural tanto para los adolescentes como para los adultos puede ser el aferrarse a la familia y así tratar de retardar el pasaje del tiempo.  Pero este aferrarse a la familia es usualmente ambivalente por el empuje maduracional que impulsa a adultos y a jóvenes a seguir el principio epigenético que dice: que todo lo que crece tiene su propio e interno plan de crecimiento.
Normalmente esta ambivalencia permite que exista un tiempo para que las relaciones interpersonales sean renegociadas y para que la formación de nuevas identidades necesarias para la separación ocurra.
Pero cuando el adolescente o el padre no pueden aceptar que la separación y la destrucción de la familia nuclear son necesarias y no pueden ponerse de acuerdo acerca del "timing" de este proceso, distorsiones de ka maduración y desarrollo de los miembros de la familia ocurren.
Con el propósito de definir más claramente de qué estamos hablando, voy a diferenciar cuatro diversos patrones de distorsión del tiempo maduracional que bien pueden ocurrir en una familia con adolescentes y todos los cuales se pueden traducir en patología.
Un primer patrón de distorsión es aquél que se presenta cuando los padres intentan retardar el avance del ciclo de vida de sus hijos adolescentes, en tanto que éste o ésta intentan acelerar su propio proceso.  Un segundo patrón ocurre en familias donde ambos, los padres y el hijo o los hijos adolescentes, coinciden en tratar de retardar el proceso maduracional.  El tercer patrón es el que se da cuando los padres como los hijos adolescentes intentan acelerar sus ciclos de vida y terminar así demasiado rápidamente con las tareas y la naturaleza de los lazos interpersonales propios de la familia nuclear.
Finalmente, el cuarto patrón sería el que aparece cuando, mientras los padres intentan acelerar los eventos propios del ciclo de vida, algunos hijos, sintiéndose muy ansiosos acerca de la independencia y separación, intentan retardar su propio proceso de crecimiento y desarrollo.
Cuando el primer patrón ocurre, lo que pasa muy frecuentemente en nuestras familias latinoamericanas, nos encontramos con jóvenes adolescentes que claramente se comportan como si tuvieran más edad, regresando muy tarde al hogar o no haciéndolo del todo, involucrándose en relaciones efectivas con chicos o chicas de mucho mayor edad y exhibiendo cualquier tipo de conducta que ellos sienten sirve como una declaración de "ya soy adulto", como el embriagarse, fumar o tener relaciones sexuales muy prematuramente.
Si exploramos en estas familias con cuidado qué pasa con los padres, veremos que éstos usualmente recuerdan el período cuando sus hijos o hijas eran pequeños como el más feliz de sus vidas.  Son padres que frecuentemente les dicen a los jóvenes, con el consiguiente enojo de éstos, cuán maravillosos eran antes y cómo han cambiado con el pasaje del tiempo.
Son padres sin pareja o si la pareja existe hay poca interacción entre los esposos, si no es a través del tópico de los hijos.  Además, si exploramos la naturaleza de las reglas y normas que estos padres establecen para sus hijos, veremos que éstas serían más adecuadas para un niño pequeño que para un adolescente.
Ejemplos: El pretender que un joven de 15 o 16 años vaya a la cama a las 10 p.m. o que una joven de 12 no vaya a bailes del todo y continúe saliendo sólo con sus padres.  Estos intentos de controlar el crecimiento de sus hijos adolescentes sólo provoca el que éstos se sientan amenazados y que sus esfuerzos por independizarse y ser autónomos resulten cada vez más y más desesperados, estableciéndose así un círculo vicioso en el cual los padres y los jóvenes quedan cada vez más desplazados del momento adecuado de sus ciclos de vida, con el consiguiente riesgo de daño para el o la adolescente, pues es este tipo de dinámica familiar lo que puede llevar por ejemplo a un embarazo adolescente o a problemas con alcohol y drogas.
El segundo patrón es aún más enfermizo, en el cual existe una tendencia hacia la relación simbiótica entre uno o ambos padres y el adolescente.
En estas familias una adecuada individualización y separación del joven no es posible, con el agravante de que usualmente no buscarán ayuda por sí mismas, lo que sí ocurre en el caso anterior, ya que existe un acuerdo tácito aunque encubierto de parte de ambas partes: padres y adolescentes, para detener el pasaje del tiempo.
En estas familias las dos generaciones se sienten muy confortables en esta relación, pues han logrado eliminar, los unos, las ansiedades que deberían enfrentar al entrar en la vida media, sobre todo aquéllas en relación con los roles cambiantes y la destrucción de la familia nuclear y por ende de su propia soledad, y los otros, la angustia que genera el tener que salir o explorar solos el mundo y tener que adquirir por sí mismos, de acuerdo con sus propias capacidades, un nuevo estatus distinto al de sus padres.
Estas familias fueron denominadas familias centrípetas, por Stierlin, en 1974 y en ellas se encuentra, muy poco conflicto abierto o explícito, ya que tanto los padres como los jóvenes distorsionan el "timing" de los eventos maduracionales en la misma dirección.  Como consecuencia, si estas familias no son referidas para tratamiento por otras agencias, como por ejemplo las instituciones de enseñanza, que observan en los jóvenes conductas f óbicas o una muy escasa e inadecuada sociabilización, la ayuda no será buscada sino hasta muy tarde, cuando el joven ya adulto comienza a desarrollar una conducta esquizofrénica.
El tercer patrón es en el que parece haber un acuerdo de parte de ambas generaciones para cesar muy tempranamente las tareas propias de la maternidad y paternidad ejercidas en forma directa.  Este puede aparecer en la mira de los profesionales a través de un joven que exhibe conducta sociopática.  Estas familias fueron llamadas por Stierling familias centrífugas.
Ahora bien, puede haber varias explicaciones para el deseo de los padres de acelerar el tiempo de maduración de sus hijos, por ejemplo, al enfrentar ellos el estrés de la crisis de la vida media, pueden desear reconquistar la libertad e independencia del tiempo en el que ellos eran aún adultos jóvenes o adolescentes y no tenían hijos y el proceso de sus hijos de dejar el hogar, les devolverá esta independencia.  Por su parte, ellos pueden querer negar también su proceso de envejecimiento, viviendo a través y con sus hijos, una segunda adolescencia.  Veremos así cómo padres e hijos no se comportan en estos casos muy diferentemente.
El joven, por su parte, en estas familias, acepta gustosamente temprana independencia que le ofrecen sus padres, porque después de todo la independencia es un rol maduracional.
Pero el problema y el riesgo de alcanzar la independencia demasiado tempranamente, es que el joven se vea enfrentando tareas para las que aún no se encontraba maduracionalmente listo.  El joven demuestra esto porque inocentemente o casi deliberadamente se mete en dificultades y es entonces cuando se dan situaciones como un accidente automovilístico o un embarazo no deseado.  El no corregir este proceso se puede traducir en conducta antisocial, en relaciones interpersonales alteradas y en un sentimiento creciente de fracaso.
La cuarta categoría en la cual los padres tratan de acelerar el proceso para alcanzar ciertos roles maduracionales de parte de sus hijos cuando éstos parecen aún no estar listos y más bien ansiosamente adoptan posturas regresivas, se presenta usualmente cuando los padres tratan de aliviar la angustia que les desencadena el enfrentar uno o varios aspectos de su propia vida.  El área que el padre escoge para que en ella el joven obtenga acelerados progresos, no refleja los sueños o conflictos de parte del padre.
Ejemplos de esto se encuentran en jóvenes que prematuramente son empujados al mundo de las relaciones heterosexuales, no siendo esto más que una evidencia de las dudas o miedos que tienen sus padres acerca de su vida sexual en la edad media y más allá.  Preocupándose y tratando de asegurar la actividad sexual de sus hijos, los padres no necesitan entonces ocuparse de si su actividad continuará o no, porque los hijos lo harán por ellos.
Otro ejemplo lo constituye el hijo de un padre sobredotado que se ve de pronto empujado a rendir más y más académicamente hablando.  Esto puede ser evidencia del temor del padre acerca del poco tiempo productivo que a él le queda y esto puede ser calmado con el sentido de inmortalidad que puede obtener a través de los logros de su hijo.
Pero la presión angustia mucho al joven, el cual puede entonces detener su propio progreso y, más bien, desenvolverse y así el joven que parecía maduro y haber empezado a separarse rápidamente puede fracasar en el proceso de dejar el hogar, el que se mostraba muy brillante hacerlo mal en la escuela y el que se había empezado a ser muy exitoso con el sexo opuesto, retraerse y sólo preocuparse de comer helados y malteados aumentando mucho de peso.
Ahora bien, estos cuatro patrones descritos sólo muy infrecuentemente de expresan en forma pura, usualmente lo que aparecen son áreas en las que hay intentos específicos de acelerar o retardar la maduración, en tanto que en otras se observa el patrón inverso y en otras se permite que se dé el ritmo normal.
En este momento, después de que hemos hecho una descripción de los fenómenos interaccionales que ocurren en una familia con adolescentes, en que individuos con conflictos intra-psíquicos, originados en crisis de crecimiento y desarrollo de diversa naturaleza: (adolescencia-edad media-tercera edad) coexisten, y de los patrones anómalos que pueden mostrarse a través de la patología que exhiben los jóvenes adolescentes, la pregunta que debe ser planteada es si eso tiene implicaciones en el manejo y tratamiento de estos jóvenes y sus familias.  Yo personalmente considero que sí.
En primer lugar, yo siento que muchos terapistas como los terapistas de familia y conductuales escogen como foco de su trabajo el tiempo presente sin considerar suficientemente que un individuo está en un punto determinado de su ciclo de vida, el cual es el resultado de muchas experiencias de desarrollo en el pasado y de que a su vez este individuo anticipa y trata de predecir su futuro.
Por otro lado, los terapistas orientados psicoanalíticamente tienden a determinar su foco de trabajo en el pasado a través del presente, retrabajando las experiencias pasadas a través de la relación terapéutica establecida en el presente.  Pero pocas terapias consideran el tiempo como realmente es experimentado por los seres humanos, con énfasis en la importancia de considerar el futuro, lo que es esperado dentro del ciclo de vida, así como el pasado y el presente y esto se convierte en algo de vital importancia en el manejo de los adolescentes y sus familias.
Existe así la necesidad de efectuar con estas familias una terapia que podríamos llamar basada en el desarrollo humano.  En ella sin dejar a un lado el entendimiento dinámico de los conflictos intra-psíquicos de cada miembro y los conceptos de la teoría de sistemas para entender el funcionamiento de la familia, el terapista debe ayudar a la familia a reconocer que muchos de sus conflictos intra-psíquicos de cada miembro y los conceptos de la teoría de sistemas para entender el funcionamiento de la familia, el terapista debe ayudar a la familia a reconocer que muchos de sus conflictos nacen de la distorsión del "timing" de los eventos maduracionales y que esto a su vez es una consecuencia de la yuxtaposición de diversos "stresses" de desarrollo individuales.
Si cada individuo en la familia es ayudado además a entender la parte que está jugando en un período de transición necesario, cada miembro puede ser más tolerante y respetuoso de las reacciones de los otros.
El terapista debe entonces ayudar a ambos, a los padres y los hijos, a reconocer, aceptar y digerir sus propias tareas de desarrollo y a ser respetuoso y aceptadores de las tareas de desarrollo de los otros.
Los padres deben recibir apoyo y clarificación en la revisión propia de la crisis de la vida media. Debemos ayudarles a hacer esta revisión conscientemente y a entender como sus reacciones ante el envejecimiento pueden haber afectado a su hijo o hija adolescente. Debemos ayudarles a compartir sus dudas y ansiedades con sus hijos de manera que los jóvenes puedan ser mas empaticos y comprensivos con sus padres.
El énfasis de esta terapia debe estar en el anticipar el pasaje hacia nuevos estadíos de la vida y en el explorar las reacciones que se producen ante roles cambiantes y el cambio de funciones.  Sólo así los padres y los adolescentes podrán sentirse libres para trabajar juntos en el alcanzar nuevos estadios y definir nuevos roles en la familia, sin tantos miedos, y anticipando que aunque la familia nunca vuelva a ser igual, los lazos de amor pueden ser duraderos y encontrar nuevas formas de expresión. 

viernes, 1 de julio de 2011

¿cuánto duermen los adolescentes?

¿Duermen bastante nuestros adolescentes?


Basta con pasarse por la puerta de un instituto a la hora de la entrada para leer en las caras de los adolescentes la falta de sueño que arrastran. Muchos no comienzan a espabilarse hasta bien entrada la mañana, y la mayoría parecen más despiertos en las horas vespertinas. Este fenómeno tiene su explicación, y es que cuando llega la pubertad se produce un cambio acusado en los ritmos circadianos de sueño y vigilia que no suele pasar inadvertido para quienes conviven con ellos. Estas alteraciones, que son el resultado de cambios puberales en la secreción de melatonina a lo largo del día, hacen que chicos y chicas no sientan deseos de irse a dormir hasta bien entrada la noche, y que, por lo tanto, por las mañanas también sientan la necesidad de permanecer en la cama “un ratito más”. Es decir, se produce un retraso en el sueño por causas fisiológicas.

Contrariamente a lo que podría pensarse, tras la pubertad no disminuye la necesidad de dormir, y la mayoría de especialistas consideran que el número conveniente de horas que debe dormir un adolescente debe ser de 9 horas o más. La pubertad es una etapa de importantes cambios en los que se produce una aceleración en el crecimiento físico y una importante maduración en la corteza cerebral, aspectos ambos que requieren de un periodo de sueño nocturno prolongado. Cuando éste es insuficiente pueden producirse importante alteraciones en el desarrollo, como consecuencia del déficit en la secreción de la hormona del crecimiento, que incluso lleguen a ser irreversibles.

En un estudio que hemos llevado a cabo sobre 2400 adolescentes de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años, les preguntábamos, entre otras cosas, por el número de horas que duermen los días laborables. Los resultados, que podéis ver en la figura inferior, no dejaron lugar a dudas: sólo un 16% de ellos declararon dormir 9 o más horas.

¿Duermen bastante nuestros adolescentes?
Estos resultados no fueron inesperados, ya que el inicio de la Educación Secundaria suele conllevar un adelanto en la hora de comienzo de las clases en colegios e institutos que, además, suelen estar más alejados de casa y precisar de un traslado algo más duradero. Así, es usual que las clases comiencen a las 8 para el alumnado de secundaria mientras que los más pequeños se incorporan a las 9.30. Esto supone una importante falta de sueño con consecuencias que están bien documentadas (disminución de la motivación, falta de atención, escaso autocontrol, dificultades en el aprendizaje y la memoria), algunas de ellas relacionadas con la inmadurez de la corteza prefrontal.

En nuestro estudio aparecieron correlaciones significativas entre la falta de sueño y algunas variables, tales como los problemas de conducta, el pobre rendimiento académico, los síntomas depresivos, la baja autoestima y satisfacción vital o el consumo de sustancias. Aunque se trata de correlaciones que no nos permiten asegurar que sea la falta de sueño la causante de estos desajustes, hay razones suficientes para la preocupación, que deberían llevar a la Administración a cuestionar si tiene sentido mantener unos horarios escolares que parecen más adaptados a las necesidades del profesorado que del alumnado. Me temo que estamos ante un asunto espinoso, que se encontrará con la oposición frontal de los sindicatos de enseñantes, pero habrá que decidir qué es más importante. También sería necesario saber si una buena siesta puede compensar la falta de sueño nocturno, de momento hay algunas dudas al respecto.

lunes, 13 de junio de 2011

violencia en los adolescentes

Hay gran preocupación por la incidencia del comportamiento violento entre niños y adolescentes. Este complejo y perturbador asunto necesita ser cuidadosamente entendido por padres, maestros y otros adultos.

Los niños pueden demostrar comportamiento violento aún desde la edad pre-escolar. Los padres y otros adultos que presencian este comportamiento pueden preocuparse por el niño, pero por lo general, "esperan que lo supere al crecer". Hay que tomar muy en serio el comportamiento violento de un niño, no importa su edad. No debe descartarse diciendo que "está pasando por una fase".

La gama del comportamiento violento:
El comportamiento violento en niños y adolescentes puede incluir una amplia gama de comportamiento: explosivos arrebatos de ira, agresión física, peleas, amenazas o intentos de herir a otros (inclusive pensamientos homicidas), uso de armas de fuego, crueldad hacia los animales, encender fuegos, destrucción intencional de la propiedad y el vandalismo.

Factores que aumentan el riesgo de la violencia
Muchas investigaciones han llegado a la conclusión de que hay una interacción compleja o una combinación de factores que lleva a un aumento en el riesgo de un comportamiento violento en niños y adolescentes. Estos factores incluyen:

  • Comportamiento agresivo o violencia previa;
  • Ser la víctima de un abuso físico y/o sexual;
  • Exposición a la violencia en el hogar y/o la comunidad;
  • Factores genéticos (hereditarios de la familia);
  • Exposición a la violencia en los medios de difusión (televisión, radio, etc.);
  • Uso de drogas y/o alcohol;
  • Presencia de armas de fuego en la casa;
  • Combinación de factores de estrés socioeconómico en la familia (pobreza, carencia de medios, privación severa);
  • Separación matrimonial, divorcio, padre/madre soltero, desempleo, y falta de apoyo por parte de la familia)
  • Daño cerebral debido a heridas en la cabeza.
¿Cuáles son las "señales de alerta" de la violencia infantil? Los factores de riesgo en los niños que presentan lo siguiente en su comportamiento y los cuales deben de ser cuidadosamente evaluados:
  • Ira intensa,
  • Ataques de furia o pataletas,
  • Irritabilidad extrema,
  • Impulsividad extrema,
  • Frustrarse con facilidad.
Los padres y los maestros deben de tener cuidado de no minimizar este comportamiento en los niños.

¿Qué se debe de hacer si el niño demuestra comportamiento violento?
Cuando el padre u otro adulto está preocupado, debe de inmediatamente hacer arreglos para que se le haga al niño una evaluación completa y comprensiva por un profesional de la salud mental cualificado. El tratamiento oportuno por un profesional puede muchas veces ayudar. Los objetivos del tratamiento típicamente se enfocan en: ayudar al niño a aprender cómo controlar su ira, a expresar su frustración y su ira de manera apropiada, asumir responsabilidad por sus acciones y aceptar las consecuencias. Además, los conflictos familiares, los problemas escolares, y asuntos comunitarios se deben tratar.

¿Se puede prevenir el comportamiento violento infantil?
Los estudios de investigación demuestran que la mayor parte del comportamiento violento se puede reducir o impedir si se reducen o eliminan los factores de riesgo enumerados arriba. Lo que es más importante, los esfuerzos se deben dirigir a reducir dramáticamente la exposición del niño o adolescente a la violencia en el hogar, la comunidad y los medios de difusión. Es evidente que la violencia fomenta la violencia.

En adición, se pueden usar las siguientes estrategias para reducir o prevenir el comportamiento violento:
  • Prevención del abuso infantil (a través de programas sobre la crianza de los niños, apoyo a la familia, etc.).
  • Educación sexual y programas para enseñar a los adolescentes cómo criar los niños.
  • Programas de intervención temprana para niños y jóvenes violentos.
  • Supervisión de la violencia que ven los niños en los programas de televisión, los videos y las películas.

martes, 7 de junio de 2011

Accidentes automovilísticos en la adolescencia

Cuando uno abre el diario o mira un noticiero, cada vez es más frecuente enterarse que algún joven ha tenido un accidente automovilístico. Es una realidad que aumenta día a día, y -de corazón- no creo que nadie quiera acostumbrase a leer este tipo de cosas y que pasen a ser parte de lo cotidiano. Deberíamos preguntarnos como padres, qué es lo que está pasando con este tema. Por un lado, chicos que no tienen la edad suficiente para sacar el registro conducen; por otro lado, están los chicos que sí tienen la edad necesaria para obtener la licencia de conducir, pero que tal vez (y las cifras lo demuestran) no estén maduros para hacerlo. Creo que aquí hay muchos problemas que derivan en estos hechos fatales. El no saber decir NO es uno de ellos. En la adolescencia, cada permiso, cada concesión, cada decisión es una batalla, casi en el 100% de las familias. El pedir el auto prestado no está fuera de estas luchas cotidianas. ¿Estamos dispuestos a enfrentarnos a nuestro hijo y decirle que no? ¿Qué actitud tomamos? ¿Nos hemos puesto a pensar que tal vez nuestro hijo cumple con la edad mínima para sacar el registro, pero que no es lo suficientemente responsable para cuidar su vida y la de lo demás? ¿Tomamos los recaudos suficientes para que no usen el auto sin permiso o hacemos la vista gorda para evitar un problema? La falta de límites es algo que abunda hoy en día. No se por qué razón se nos hace difícil decir NO y aceptar las consecuencias que ello puede traer aparejado. Esto pasa en todas las edades. La diferencia está en que decir que no a cierta edad, puede traer como consecuencia un berrinche. Cuando nuestro hijo crece, dejar hacer puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Para que nos sea más fácil tomar conciencia del gran problema que estamos atravesando, en el cual se juega no sólo la vida de nuestro hijo, sino la de todos los demás, comparto con Uds. esta información que el Sr. CARLOS GEISER de la Asociación LUCHEMOS POR LA VIDA nos ha brindado muy gentilmente. “En ARGENTINA el 19% de los muertos en Accidentes de Tránsito tienen entre 16 y 24 años.  Unos 1.500 jóvenes y adolescentes mueren todos los años en Accidentes de Tránsito en Argentina    ACCIDENTES CAUSADOS POR ADOLESCENTES AL VOLANTE (16 - 17 años)   ACCIDENTES FATALES*           16 - 17 años                CONDUCTORES ADULTOS    Error del Conductor                       82%                                       62%  Exceso de Velocidad                     37%                                       23%  Accidente Univehicular                 44%                                       29% En dichos estados aumentó significativamente el número de accidentes mortales. (*) Estadísticas correspondientes a Estados Unidos donde se otorga la licencia de  conducir los 17 y en algún caso incluso a los 16 años)” Las cifran realmente dan miedo. Si bien, como hemos leído, algunas no pertenecen a nuestro país, no podemos ser tan inocentes de pensar que acá no pasa, porque sabemos que por desgracia sí ocurre. Para ayudarnos a dar una solución a este problema que nace en el hogar pero involucra a la sociedad toda, Luchemos por la Vida ha desarrollado esta guía para padres que les pido, por la vida de sus hijos y la de todos, lean con detenimiento. 
Guía para padres, tenga en cuenta lo siguiente: 
1) Los jóvenes al volante corren peligro. Los más jóvenes (menores de 25 años) se accidentan tres veces más que los mayores, son causantes de la mayoría de los accidentes que sufren, y mueren más por esta causa que por cualquier tipo de enfermedad. 
2) El tránsito de la Argentina es de alto riesgo. Tenga en cuenta que el tránsito es un sistema conformado por cada uno de los que se mueven en la vía pública, en interdependencia los unos de los otros. Cuando piense en su hijo/a conductor/a, no pierda de vista el riesgo que implicarán los que compartan el sistema con él o ella. 
3) Cada joven es una persona única y diferente; así como su preciada vida, que es única e irrepetible. Procure evaluar las posibilidades de su hijo/a para ser un conductor seguro: - Personalidad (por ej: si es impulsivo, inestable, irascible o agresivo, mejor decir que "no, porque te quiero"), - Responsabilidad y madurez en su manejo de las situaciones cotidianas (estudio, trabajo, etc.) - Actitud ante el riesgo (si suele exponerse o verse "casualmente" envuelto en situaciones peligrosas, abstenerse de autorizarlo). - Grado de independencia con respecto al grupo de pares (un ejemplo típico de dependencia preocupante, es el de los chicos que siempre se apoyan en sus amigos para decidir qué hacer o a dónde ir). Comentan que hacen algo, aunque no quieren, porque los demás lo deciden y se muestran angustiados cuando se ven obligados, por circunstancias ajenas a ellos, a hacer algo distinto. - Antecedentes de accidentes y/o incidentes (en especial de carácter violento). - Actitud frente a la autoridad. 
4) 17 años es la edad mínima, no la obligatoria para conducir autos. Hasta los 21 años su hijo/a necesita su autorización para gestionar su licencia para conducir. Use esta atribución con responsabilidad, para bien de su hijo. 
5) Se puede volver atrás con la autorización, no así con los daños de un accidente. Aunque Ud. haya autorizado a su hijo/a para obtener su licencia, si su comportamiento como conductor es peligroso, Ud. puede presentarse y pedir la revocación de la misma. De todas maneras, no olvide el viejo dicho "Más vale prevenir que curar". 
Cuando decida que su hijo o hija está en condiciones de aprender a conducir, no lo deje solo/a, comparta con él o ella el proceso de aprendizaje y entrenamiento: 
A) Si puede, inscríbalo/a en una buena escuela de conducir. Un experto puede iniciarlo en las técnicas de conducción en mejores condiciones de seguridad que Ud. Pero corrobore que el programa del curso incluya los conceptos de la "conducción segura o defensiva, preparación indispensable para su seguridad y toma de conciencia del sistema del tránsito. 
B) No le dé el auto, suba con él. Acompañe a su hijo/a en el proceso de entrenamiento, aún después de sacar el registro. Guíelo en sus prácticas, y transmítale su experiencia, hasta que lo vea andar seguro. 
C) Sea paciente, respetuoso y refuerce su confianza, destacándole sus conductas y decisiones acertadas. 
D) No dé por sentado que algo, él o ella, ya lo sabe. Acompáñelo/a y comparta su experiencia al conducir en diferentes situaciones: por ej.: con lluvia, de noche, con alto tránsito, en ruta, etc. 
E) Sea un buen ejemplo para su hijo/a. Use siempre el cinturón de seguridad y conduzca a la defensiva. Recuerde que los mensajes contradictorios pueden ser como un boomerang. Por ej.: no podrá hablarle de conducir a baja velocidad si Ud. no lo hace, o compra dispositivos para burlar radares. Su ejemplo vale más que mil palabras. 
Estas sugerencias son también válidas cuando se decide autorizar a los hijos a conducir ciclomotores o motos, vehículos más riesgosos que un automóvil, aunque algunos padres se resistan a creerlo.   Como en todo, se trata de acompañar, enseñar, guiar y para ello, muchas veces es necesario decir que no. Es natural que los chicos, a cierta edad quieran conducir, pero es nuestra obligación que lo hagan cuando corresponda y con absoluta responsabilidad. Prestar un auto en ciertas circunstancias, puede acarrear robarle la vida al otro. “Mis padres me enseñaron la importancia de las personas sobre los objetos materiales” (Randy Pausch) Dios quiera nuestros hijos puedan decir lo mismo de nosotros.

miércoles, 1 de junio de 2011

Gingivitis, un problema de los adolescentes.

La mayoría de la población piensa que las enfermedades de las encías –periodontales- sólo las padecen los adultos. Sin embargo, la gingivitis, la primera etapa de esta enfermedad periodontal, es muy común en los niños y los adolescentes. De hecho, se ha incrementado hasta en un 60% los pacientes jóvenes que acuden a la consulta con este problema. Esto se debe como resultado de hábitos bucodentales incorrectos en el menor, además de factores genéticos, patologías sistemáticas o cambios hormonales durante la pubertad.

La adolescencia es una etapa de mayor riesgo


La prevalencia de padecer enfermedades periodontales aumenta durante la adolescencia a consecuencia, principalmente, por la falta de motivación en la práctica de la higiene oral. “Es habitual que cuando el menor cumple los 13 años sea independiente a la hora de cepillarse los dientes y usar el hilo dental, por lo que los padres supervisan menos si sus hijos mantienen correctos hábitos bucodentales”, explica el director médico de Vitaldent. De ahí que en muchos casos los menores descuiden sus hábitos de higiene.

Además, otro agente que hay que tener en cuenta son los cambios hormonales relacionados con la pubertad, que incrementan el riesgo de desarrollar la enfermedad periodontal. Durante esta etapa, el aumento en el nivel de las hormonas, -como la progesterona y el estrógeno-, causa una mayor circulación sanguínea en las encías.
Esto puede provoca que se inflamen más, aumente la sensibilidad de las encías y se origine una reacción más fuerte a cualquier irritación, incluyendo las partículas de comida y la placa. Aunque es frecuente que, a medida que pase esta fase, las encías se irriten menos al descender el nivel hormonal, sin embargo, hay que extremar el cuidado oral diario.
Si no se trata este problema desde temprana edad, puede dar lugar a enfermedades más severas porque las bacterias avanzan rápidamente invadiendo el hueso y el tejido que rodea al diente formando pequeñas “bolsas” que causan la caída prematura de los dientes del menor. Por ese motivo, el diagnóstico temprano es importante para obtener un tratamiento exitoso de las enfermedades periodontales desde edades tempranas.